El café: combustible para el cerebro

Mucho se habla y se cree acerca de, en términos de salud, si es bueno o no beber mucho café. Y también es fácil dejarse llevar por la exageración. Se dice que el exceso nos puede perjudicar, alterándonos, robándonos horas del tan necesario sueño, que mancha los dientes y engancha como si de una droga se tratara. Que en cuestionarios de rutina el médico siempre nos pregunta. “_¿Cuantos cafetitos van ya?”. Todo es cuestionable y para guiarnos podemos afirmar que todo con moderación es bueno. Y veremos por qué.  El consumo de unas cantidades controladas de cafeína al día tiene buenos efectos en el organismo, puesto que produce incrementos en la alerta, la atención y la concentración. Además, esta comprobado que la cafeína mejora nuestro estado de ánimo subjetivo, y tras su ingesta nos sentimos más eficientes y motivados para trabajar. También reduce nuestra percepción de la somnolencia, fatiga, cansancio y afecto negativo.

Un café con azúcar para mejorar la memoria.

Ingerir hasta 400mg de cafeína al día no solo es seguro, también nos ayuda a mejorar nuestra capacidad cognitiva. Hay estudios que demuestran que incluso una dosis de 100mg (equivalente a un café) ya comienza a actuar efectivamente en nuestro organismo si buscamos optimizar la atención y la concentración. Para el correcto funcionamiento del cerebro, es fundamental una buena hidratación. En un estado momentáneo de fatiga, tomar un café con azúcar puede ser una opción práctica y muy válida: además de agua y cafeína contendrá glucosa, todo ello un excelente combustible para el cerebro. Del mismo modo, se sabe que la cafeína neutraliza los radicales libres y que, por lo tanto, actúa contra el envejecimiento, el cáncer de faringe y esófago. Aunque aquí hacemos referencia a las virtudes del café con azúcar, somos conscientes de que se aleja de las recomendaciones de los baristas más exigentes. No nos centramos tanto en las cualidades sensoriales como a sus efectos sobre el cerebro. El café con una cantidad de azúcar moderada potencia los efectos estimulantes de la cafeína y mejora los procesos cognitivos, como la memoria.

¿Iguales efectos para todos?

En este particular, el café no es democrático y no se comporta igual según quien lo este bebiendo. Parta empezar hay diferencias de género. Se sabe, por ejemplo, que las mujeres responden mejor cuando eligen el descafeinado, y que los hombres perciben más beneficios que ellas y se estimulan más tras su ingesta en circunstancias de alta demanda de atención y concentración. Por otra parte, se ha descubierto que la gente mayor tarda más que la joven en metabolizar y expulsar la cafeína. Una vez ingerida la bebida, las sustancias nutritivas que nos aporta llegan a las sangre a los 30-45 minutos, desencadenando una serie de reacciones que suelen durar entre 3 y 6 horas, según la edad.

Tómate un cafecito y sonríe.

Entonces, no reprobemos al café sin antes informarnos adecuadamente de sus cualidades, entre las cuales está la de hacernos más felices. Químicamente eleva los niveles de endorfinas. Pero, afectivamente hablando, quién no ha disfrutado en invierno con una buena taza de café humeante entre las manos. Y estéticamente tampoco es verdad que nos afee la sonrisa, está comprobado que el té o el tabaco amenazan más la blancura de los dientes que un café, y siempre están los hábitos de higiene que ya tenemos bien incorporados en nuestras rutinas diarias. Así que ya sabes, cuando te apetezca una taza de café, siempre que no sea la séptima taza del día, bébetela y disfruta.

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