COMIDA Y NEUROCIENCIA, ¿¿y esto??

¡Hola mis insaciables! Hoy os propongo arrancar la semana con algo diferente, un estímulo para nuestro intelecto sediento de conocimiento e ideas. Vamos a hablar de una combinación de dinámicas que, aplicadas a nuestro negocio, pueden ayudarnos a generar la mejor de las experiencias para nuestros clientes. Si queremos destacar, hemos de estar a la última en todo y esto será lo próximo en ponerse de moda. Así que a quemarnos las pestañas un poquito y al lío.

Entrando en materia

El estudio del cerebro es unos de los más importantes que aborda la ciencia en nuestros días. Gracias a tecnologías como los scaners -que permiten saber cómo es y cómo funciona este órgano-, o a la aplicación de la genética en la conducta, se han podido descubrir cosas increíbles sobre ese gran desconocido que tenemos dentro de la cabeza. Junto con el corazón, definitivamente uno de los músculos más fascinantes del cuerpo humano.

Desde luego es un órgano tan difícil de entender que aun hoy es considerado prácticamente el elemento más complejo de todo el sistema solar. A mi me gusta mucho esa idea de que, en realidad, no hay diferencia entre las conexiones que hacen las neuronas dentro de nuestro cerebro, y la intensa actividad de las estrellas en el universo. Micro cosmos y macro cosmos.

“En cada uno de nosotros hay otro al que no conocemos”. Carl Jung

Pues este “animalito caprichoso” adicto a los carbohidratos, es la creación más compleja de Dios y el objeto de algunas disciplinas bastante recientes como las neurociencias, que bien pueden ser una herramienta para otras, como por ejemplo, la psicología.

Las neurociencias nos muestran el lado biológico de la mente y el cerebro, y en él, tienen lugar cosas más que interesantes, como la conciencia o la cognición. Además, esta “coliflor parlanchina” es la responsable de la conducta (cosa que, como imaginarás, le encanta al marketing).

Acercándonos a una definición de neurociencia

¿Demasiado complicado? Venga, una definición “en fácil”: la neurociencia sería como el estudio de la parte biológica de la conducta humana. Pero hay otra definición más, la de Neurociencia cognitiva; que sería la disciplina que busca entender cómo la función cerebral da lugar a las actividades mentales. A pesar de sus pocos años de existencia, esta disciplina ha extendido sus estudios a la atención visual, la memoria, la percepción, el lenguaje e incluso, la consciencia.

Descubriendo cómo pensamos y sentimos

Las neurociencias nos han permitido mostrarnos tal y como somos, tal y como es nuestro ser biológico. Además, los descubrimientos sobre nuestro cerebro tienen implicaciones filosóficas. Como dice Steven Pinker en La Tábula Rasa:

“Negar nuestros impulsos y necesidades más básicas (como las de comer, beber o incluso amar) es negar la vida y aquello mismo que nos hace humanos”.

Por eso es bueno aprender sobre una ciencia que nos está permitiendo conocernos, ver cómo somos y entender por qué somos así. Y hacerlo sin miedo y apostando a mejorar nuestra condición humana, es decir, ver nuestra naturaleza humana con un rostro humano.

Herramienta del psicólogo y del gastrónomo

Allí donde se oculta, este pequeño viscosillo de más o menos un kilo doscientos gramos, está compuesto básicamente por agua, y por dos tipos de células: las neuronas y el glía. Todas las personas albergan cientos de miles de millones de estos cuerpos microscópicos; cada una de estas células -complicada como una ciudad- contiene todo el genoma humano y hace circular miles de millones de moléculas por intrincadas autovías.

“Los dos mayores misterios de la naturaleza son la mente y el universo”. Michio Kaku

Después de la “década del cerebro” -allá por los años ´90- todo cambió y gracias a las nuevas tecnologías y descubrimientos, empezamos por fin a conocer más y mejor a nuestro “secretario”. Lo que no aprendimos en toda la historia de la humanidad, empezamos a descubrirlo y a aprenderlo en los últimos años, pero apenas lo estamos comprendiendo y asimilando.

A raíz de este “despertar”, la Neurociencia Cognitiva y las neurociencias en general han visto florecer sus ramas de investigación, extendiéndose a campos como el derecho, la economía, la psicología y, por supuesto, la gastronomía.

Al cerebro le gusta que lo seduzcan

Entonces, cómo podemos aplicar esto en nuestro mundillo. Esta es la ciencia que nos enseña más cosas, y aunque no se vea, en realidad está siempre presente. En cocina estamos aplicando la neurociencia, en sala, en marketing, en todas partes. Y es gracias a estos interesantísimos estudios que vamos descubriendo cómo las personas recibimos los estímulos. Porque, al final, todo son estímulos: los uniformes, los olores, la música, la manera en que te hablan, los gestos, cómo están dispuestos los platos, el plato en sí como elemento que sostiene la comida, TODO influye en que una experiencia sea positiva o negativa. Y los restauradores del siglo XXI, conscientes de cómo va cambiando el mundo, cómo se comporta la demanda y la ferocidad de la competencia por captar la atención de un cliente más informado que nunca, no dejan escapar ninguno de estos detalles.

Simplificando: extendamos a nuestro trabajo todo lo positivo que nos aporta el valor del amor, que el acto de preparar un plato, de servir un café, de atender a las personas que nos visitan; sea como el deseo y el ritual de cocinarle y servirle a alguien que amas. Porque, después de todo, el cerebro y el corazón, tampoco están tan lejos, ¿no?

Hasta otro post amigos

Xavi Iglesias
La sala la hacemos todos y todos hacemos de cliente

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